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Los Deseos de Él. Capitulo 1.

  • 7 ago 2019
  • 5 min de lectura

Eliot Crowner acomodo la mochila sobre su hombro mientras se bajaba del taxi y se quedaba mirando al imponente edificio delante de él. Era alto, y elegante, con numerosos vidrios reflejando la luz del sol y permitiendo que pasara hacia el edificio. Pero, a pesar de permitir el paso directo de la luz del sol hacia el interior del edificio, Eliot sabia que nunca hacia más calor del necesario dentro y las habitaciones del edificio de apartamentos siempre estaban a una temperatura agradable y fresca. Habían pasado muchos años desde que estuvo en ese edificio, pero seguía recodando sus peculiaridades a la perfección. También seguía haciéndole sentir un sentimiento de pequeñez, pero Eliot sospechaba que ese sentimiento se debía más que todo a la persona que venía a visitar (en realidad, a vivir por algún tiempo) y no al edificio en sí.

Con un suspiro de resignación, Eliot arrastro los pies hacia el edificio mientras pensaba en la suerte de mierda que le había tocado ese año.


No solo sus padres habían muerto en ese maldito accidente de auto, sino que además, había caído en banca rota debido a sus vicios e irresponsabilidades y había perdido su empleo de medio tiempo, su auto, su departamento y si no hubiera sido por sus buenas calificaciones, habría sido echado de la universidad también.


Lo único que le quedaba era una pequeña herencia que sus padres le habían dejado junto con la casa en la que había crecido. Sin embargo, no podía hacer uso de esas cosas, ya que sus padres habían puesto una clausula en su testamento en el que especificaban que Eliot solo podría hacer uso de su herencia cuando cumpliera 27 años (la edad en la que se supone ya debería ser un adulto responsable, como decía su madre), fecha para la que faltaba mucho tiempo ya que Eliot solo tenía 21 años.



Completamente arruinado y sin nadie a quien pedir ayuda (¡¿Dónde estaban sus malditos amigos cuando los necesitaba?!) Eliot se vio obligado a pedirle ayuda a la única persona a la que deseaba nunca pedirle nada.


Su hermano, Ethan.


Ethan era todo lo que Eliot no era. Era serio, responsable, trabajador, exitoso, exigente, tenso, prepotente, arrogante y con un permanente palo metido en el culo.


Mataba el poco orgullo que le quedaba a Eliot el tener que recurrir a su hermano mayor por ayuda, especialmente desde que Ethan era un culo pomposo que lo había ignorado la mayor parte de su vida y que solo vivía para amasar su fortuna en su lindo departamento, pero desgraciadamente, en ese momento, era la única opción que tenia.


Con otro suspiro de pesar, Eliot entro en el lobby del edificio. No era necesario que se anunciara en la recepción, su hermano ya le había dado la clave del ascensor para subir a su ático, por lo que camino con pasos apresurados hacia el ascensor, deseando con todas sus fuerzas que su hermano no estuviera en el departamento. Diablos, solo quería llegar, encontrar una cama caliente y cómoda y dormir durante años, el tiempo suficiente para que su vida de mierda se arreglara.



Unos minutos más tarde, las puertas del ascensor se abrieron y Eliot se encontró de pie en la pequeña sala de recepción que daba la bienvenida al departamento de su hermano.

Sintiendo como si el peso del mundo estuviera sobre sus hombros, Eliot arrastro los pies pasando de la pequeña sala y se adentro más en el departamento.



El lugar estaba completamente iluminado por el sol que entraba por la pared de cristal frente a Eliot, iluminando el mobiliario con temática minimalista de color blanco y negro. Todo se veía como lo que era, la casa de un hombre soltero y rico, pero Eliot no tuvo tiempo para disfrutar de la vista.


Al parecer sus deseos en el ascensor no se habían cumplido.


Ahí, parado en el centro de la habitación frente a un sofá de cuero negro de aspecto caro, se encontraba su hermano.


Ethan estaba vestido como normalmente lo hacía cuando iba a trabajar, con un traje, camisa de botones y corbata. La combinación de esta vez era un traje gris plomo, con una camisa blanca, una corbata de color vino tintó y sus habituales zapatos de cuero pulidos y prolijos. El pantalón del traje abrazaba sus fuertes y grandes muslos, ajustándose en su parte trasera en el lugar en el que su trasero firme y con forma de burbuja estaba.


La camisa se ajustaba en sus abultados bíceps y en sus grandes pectorales, destacando todos los músculos que su hermano se había ganado mientras jugaba fútbol en la universidad y que sin duda le conseguían cualquier amante que él quisiera.


Su rostro era simétrico, con una fuerte mandíbula cuadrada que contrastaba con sus altos pómulos que eran la envidia de más de una mujer. Su piel estaba bronceada debido al potente sol de Los Ángeles y su impresionantemente lacio y brillante cabello negro estaba peinado hacia atrás de manera atractiva y perfecta.


Si Ethan no hubiera sido su hermano, Eliot se habría desnudado en ese mismo momento y se hubiera ofrecido como sacrificio voluntario hacia ese grandioso dios griego. Lástima que era su hermano ya que Ethan era justo el tipo de hombre que a Eliot le gustaba.


Aclarándose la garganta mientras miraba a su hermano, Eliot decidió romper el silencio que había entre los dos.


—Hola —dijo con un pequeño movimiento de su mano.


—Hola, no te esperaba tan temprano, pero ya que estas aquí, déjame mostrarte en que habitación te quedaras antes de irme al trabajo.


Ethan condujo a Eliot a una de las habitaciones de huéspedes que había en el departamento, la que estaba más cerca de la habitación de Ethan según lo que había visto, y mientras Eliot dejaba su escaso equipaje sobre la cama (solo una mochila y una pequeña maleta), Ethan le explico las reglas del “hogar”. Al parecer no podía hacer fiestas en el departamento, tenía que limpiar todo lo que ensuciara y ayudar con las tareas del hogar, no debía entrometerse en la vida de Ethan, tenía que llegar a casa antes de las once de la noche (como si aun fuera un adolescente) y no debía fumar o emborracharse dentro del departamento.



Eran una reglas tontas, pero Eliot se veía obligado a obedecerlas si no quería terminar en la calle de nuevo.


Dios, su vida sería tan miserable.


Sin embargo, por más que él y su hermano no se llevaran muy bien, Eliot estaba agradecido con Ethan por haberle permitido quedarse en su hogar, y se lo hizo saber a esté cuando Ethan estaba a punto de irse al trabajo.


—Gracias por dejar que me quede aquí Ethan —dijo Eliot mientras lo acompañaba al ascensor.


—No es nada, solo espero que arregles tus problemas pronto. Nos vemos.


Con esas palabras de despedida su hermano se fue y Eliot se quedo con la duda de si lo que dijo eran palabras de buenos deseos o si simplemente estaba tratando de decirle que esperaba que se fuera pronto.


Que jodido lió.




 
 
 

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